Let It Be

El pasado miércoles 21 participé junto con Havalina en el concierto homenaje al 40 aniversario del lanzamiento de Let It Be que se celebró en la azotea del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Aparte de Havalina participaron Coque Malla, Vetusta Morla, Tulsa, Lovely Luna, Russian Red, Pájaro Sunrise, Miss Caffeina y Amaral. Tocar en un lugar aquel fue un privilegio que jamás me imaginé que disfrutaría. Aparte, fue una noche especial y muy divertida. Las actuaciones tuvieron momentos memorables, y en el backstage se respiraba un ambiente impagable. Cuanto todo está tan bien organizado, los músicos nos podemos relajar y disfrutar de lo que más nos gusta: el catering ;)

La foto de arriba está tomada con mi iPhone 3G, durante la prueba de sonido, con la aplicación Hipstamatic. Es increíble lo que sale a veces de una cámara horrenda de 2MP. La pena es que no sea más grande.

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Hacerse Mayor

Hacerse mayor significa aceptar que la única forma de resolver satisfactoriamente los conflictos que se nos van presentando a lo largo de la vida, es mediante un pacto entre lo que sentimos y lo que pensamos. Un diálogo sincero entre ambos aspectos de lo que somos, una dura negociación que puede atravesar noches en vela y momentos de complicada ansiedad hasta tomar una decisión cuya ejecución puede ir acompañada de sentimientos completamente contradictorios los unos de los otros, y de miedo. Y a la vez, de paso firme, y aceptación.

Hacerse mayor implica además, aceptar que la mayoría de la gente por norma, no suele saber escuchar a ambas partes y que inevitablemente nos cruzaremos con personas divididas cuya racionalidad está al servicio de sus emociones, o viceversa. Ambos resultados son un único perfil, dos modos de decidir erróneos que oscilan como un péndulo, cuando las equivocaciones de un extremo les llevan a optar por el otro, volviendo a cometer el mismo error pero desde otra perspectiva.

Así, hay personas que niegan constantemente sus emociones hasta el punto de tratar de vivir al margen de lo que realmente quieren. Personas que un tiempo después, guiados por sus errores, pasan a creer que un sentimiento debería marcar una razón para hacer algo o dejar de hacerlo, para luego descubrir que algunos sentimientos son más efímeros que otros y que solo la racionalidad puede ayudar a discriminar lo pasajero de lo que permanece, y evitar así el arrepentimiento.

Hacerse mayor significa aceptar que todo es un tremendo caos donde al final todos vamos dando bandazos, chocándonos unos con otros mientras tratamos de mantener el barco a flote. Y es que alcanzar la sabiduría que supuestamente nos concede a la edad, implica darse unos cuantos batacazos, dejar algunos barcos hundidos a nuestro paso.

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Nuevo tema: Madrid

Hace unos meses celebré el décimo aniversario en esta ciudad, casi un tercio de mi vida. Me ha dado tantas cosas que qué mejor que dedicarle una canción en un momento en que además, me siento especialmente agradecido por estar aquí.

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Algo de estadística

Dice la Wikipedia:
La estadística es una ciencia con base matemática referente a la recolección, análisis e interpretación de datos, que busca explicar condiciones regulares en fenómenos de tipo aleatorio.

La estadística nos rodea, a veces nos atosiga, otras veces nos calma. Si no fuera por la estadística, mucha gente no sería capaz de subirse a un avión y sentarse relajadamente hasta esperar llegar a su destino. Porque sabemos que, estadísticamente, es muy poco probable que un avión se estrelle.
Quizá también por culpa de la estadística tenemos que lidiar con banners publicitarios en las webs, con anuncios en los periódicos, y peor aún, con repartidores de publicidad que interrumpen tu marcha con panfletos que han de terminar en cualquier sitio menos en sus manos. Estadísticamente, una cantidad mayor o menor de personas que vean esos banners, o que reciban esos panfletos, harán click o llamarán para solicitar los servicios ofrecidos. La ganancia generada con esos nuevos clientes habrá de compensar siempre el gasto generado para hacer llegar a la gente dicha oferta comercial.

De la estadística también dependemos para valorar cualquier suceso de forma objetiva. Estos días, se ha dado el decimoprimer suicidio entre los empleados de la empresa Foxconn en China, y el asunto está resultando bastante mediático porque es la compañía que fabrica en exclusiva el iPhone de Apple. Para nosotros, pensar que en una misma empresa se suiciden diez personas es un escándalo, algo tiene que haber mal en esa compañía. Eso junto con la fama que tienen las empresas Chinas de explotar y presionar a sus trabajadores, y tenemos una idea condicionada. Sin embargo, si miramos a las estadísticas de suicidios en el país (datos de 2006) vemos que la media es de 23 de cada 100.000 habitantes. Si tenemos en cuenta que en Foxconn trabajan 800.000 personas, de las cuales 400.000 trabajan en Shenzen, la ciudad donde se han producido los suicidios, quizá la cifra de 11 muertes no nos suene tan descabellada. Y es que Foxconn es una empresa conocida en China por ser de las que mejores condiciones de trabajo ofrecen.

Sin embargo, hay otro tipo de situaciones más cotidianas donde parece que la estadística cede parte de su naturaleza matemática para dar paso a la oportunidad casi mística del encuentro imposible. A menudo nos encontramos con personas conocidas por la calle, o en un vagón de metro. Sin embargo, últimamente me sudecen cosas muchísimo más retorcidas.

Hace unas semanas alguien conocedor de mis historias sentimentales me prestó, con mucho interés por que lo leyera, un libro que a través de la sencilla historia de un encuentro casual por internet, recopila muchas ideas sobre el amor y las relaciones. El libro, co-escrito entre un hombre y una mujer, resultó ser una lectura más que gratificante. En ciertos momentos dolorosa, por reconocer entre sus páginas los patrones que había sufrido en otras personas hasta el fin del amor. En otros, fervorosa, al comprobar que mis concepciones sobre el querer se sostienen en la imposible postura de la objetividad sin perder entrega apasionada. Devolví el libro a su dueño, agradecido por la lectura.

Pasaron varias semanas y una tarde en que andaba desocupado tras finiquitar las labores domésticas, recordé mi vieja cuenta de Hotmail. Hacía años que no la usaba y allí debía de haber correos de épocas pasadas, de gentes que ni recordaba. Introduje la contraseña y accedí no sin cierta emoción a los contenidos, que databan de 2004. Pasé un buen rato releyendo aquellos correos como si se tratara de una cápsula del tiempo. ¡Llevaban allí esperándome seis años! Entre uno de esos correos encontré uno de una persona que aún es un gran amigo mío, y me llamó la atención porque era un correo reenviado. Dicho correo provenía originariamente de un conocido común, una persona a la que fui presentado brevemente una tarde cuya cara apenas recuerdo. Este conocido, con quien mi amigo tuvo oportunidad de entablar relación más frecuentemente, le enviaba a éste un par de extractos de un libro que estaba escribiendo su madre. Un libro sobre el amor y las relaciones… exactamente, el mismo libro que me habían prestado a mí unas semanas atrás. ¿Casualidad? Algunos no podrán evitar la tentación de llamarlo destino.

No es la única vez que me ha ocurrido algo similar últimamente. Hace poco me crucé con una persona que llamó mi atención en el metro. A los pocos días recibo un correo de esa persona a través de Facebook, diciéndome que una amiga le había puesto un vídeo de una actuación del novio de esa amiga, y que resulta que el cantante de la banda era el chico con el que se había cruzado en el metro. No le resultó muy complicado averiguar mi nombre y encontrarme en la red social por excelencia. Creo que no necesito mencionar la sucesión de casualidades de las que se dan en una situación como esta. De nuevo la casualidad estadística invita a mentar al destino.

Y es que esas son las dos caras de la estadística. La estadística fría, numérica, de la que dependemos para entender lo que pasa a nuestro alrededor. Y la estadística que dirige nuestra vida hacia otras personas, hacia un puesto de trabajo, a las sorpresas más afortunadas o a la más cruda tragedia. Lo que dicen, estar en el lugar adecuado en el momento adecuado. Eso que unos llaman destino, mientras que otros dicen que la divinidad se encuentra en las matemáticas.

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Crossed Out Name

Este fin de semana, en el poco rato que pasé en casa, decidí dar uso a la pequeña cámara de vídeo que compré hace unos meses. Grabé esta improvisada (pero fiel) versión de Crossed Out Name, del Cardinology de Ryan Adams & The Cardinals. Uno de los discos que más escucho últimamente.

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